• Home »
  • Sociedad »
  • Cuerpos, moda y modos: una historia sobre las estéticas y la vida en medio del horror

Cuerpos, moda y modos: una historia sobre las estéticas y la vida en medio del horror

Por Mariana Vaccaro.

María Tapia es una mujer alta con el pelo largo y plateado, la conozco como artista plástica desde hace unos años y siempre la veo sonriente, tranquila y con muchas ideas creativas para llevar adelante. Un día, hace poco, me contó que estaba investigando sobre la moda de los `80 y sobre las producciones artísticas que en la misma época creaban las presas políticas de la última dictadura cívico militar de Argentina. Durante esa conversación María hizo silencio unos segundos y me dijo: “Tal vez lo que haya tenido continuidad en esos cortes de mi vida, fue la relación con la ropa, la costura, la moda y los modos de sobrevivir». Le consulté por qué y me contó su historia. Una historia que emociona, que merece ser contada.

Vestido Jaula soldando con alambre de fardo de María Tapia. Foto: María Tapia

Vestido Jaula soldando con alambre de fardo de María Tapia. Foto: María Tapia

Fue modelo, militó en política, se escondió detrás de otras identidades para sobrevivir a la última dictadura cívico militar argentina, trabajó como promotora en grandes tiendas de moda y como obrera en talleres de costura. Se convirtió en artista, docente e investigadora desde donde busca demostrar que en eso que se piensa tan banal como la moda, hay política, hay arte y hay resistencia. Porque, como dice María, hay estéticas “que des-anestesian y desplegaron vida en medio del horror”. 

Sos una persona comprometida con los temas sociales, es difícil imaginarte preocupada por la moda, ¿Cómo empezó tu relación con la moda? 

De niña hacía la ropa de mis muñecas y en la adolescencia como era “alta, flaca y rubia”, desfilaba ropa de las boutiques de mi ciudad. Era un modo de tener a cambio alguna pilcha que me gustara o unos pesos. Estudiaba Diseño y por esos días me convencí que vivía en un país de desigualdades que quería desarmar, y que el diseño, era uno de los modos posibles de modificar esa realidad. La militancia me ayudó a comprender esa historia que me contaron tergiversada. 

Siendo militante, ¿Cómo viviste la última dictadura cívico militar estando en el país?

En septiembre del 76, con mi compañero, escapamos de la muerte, porque allanaron el departamento donde nos encontrábamos. Salvé mi vida pero me rompí la columna.

En diciembre de ese año  nos casamos. Yo tenía un yeso que iba desde abajo de las axilas hasta el pubis, como un corset, y con eso me casé. En la foto se nota mi «rectitud”, estoy con un vestido que me hice a mano, mientras me escondían en casas de amigues. Tenía puestos los mismos zapatos de cuando escapé, porque estuve casi sin ropa desde entonces. 

Mi compañero, desapareció a la semana de casados. Hasta hoy no se supo de él ni el Estado reparo. 

Mi amiga Mónica Gómez Saravia compartió esta foto de mi casamiento en Facebook. Mónica nos cedió su cama matrimonial mientras estuve sin poder moverme. Ella tenía un bebé de meses, y aún así nos ocultó. 

casamiento María Tapia en 1976

¿Cómo hiciste para sobrevivir estando en Argentina?

Tuve que usar otras identidades, dejar mis estudios, mi familia. Tuve otros nombres, otras fechas de nacimiento, otro signo del zodíaco. Vivía una historia otra, que no era la que traía, me ocultaba en medio de una multitud que parecía desconocer esas desapariciones que sucedían a diario. Usé nombres que ni siquiera me gustaban, debiendo estar atenta, muy atenta  a darme vuelta si me llamaban. 

No podías exponerte como modelo, ¿De qué trabajaste?

Como te comenté, la costura me acompañó. Trabajé en talleres, aunque no era lo mismo manejar la Elna de mi mamá, que apretar el pedal de una overlock. Con la vuelta de la democracia produje mi propia ropa, la vendía en la playa y a amigos, pero me fundí con la hiperinflación. También fuí parte del departamento de diseño de algunas empresas locales que presentaron quiebra en los noventa. 

¿Cómo te zambulliste en el arte? Porque ahora no cosés vestidos con telas, los soldás con hierros…

Sí, cambié el diseño por las artes. Completé mis estudios en la Prilidiano Pueyrredón a los cuarenta. Y el interés por la ropa se mantuvo en mis esculturas que refieren al género: bodys de alambre de púas y  vestidos jaula fueron algunas de mis obras. Fue primero el hacer, antes que la reflexión de todo aquello que nos encorseta y encarcela como mujeres. Esas modas de ser sexy, ponerse el corpiño para quien, para el deseo del otro y que a veces nos hace sentir ridículas.

Body de alambre de púas - Obra de María Tapia

Body de alambre de púas – Obra de María Tapia

¿Cuál fue la necesidad de abordar la moda desde la academia? ¿Por qué creías necesario investigarla?

Desde la academia me formé como investigadora, participé de proyectos relacionados a la moda… me preguntaba por ejemplo ¿por qué en los `70  mi mayor deseo era tener un jean marca Lee?  Así, investigando acerca del Instituto Torcuato Di Tella y sus aledaños en Galería del Este, observé cómo a través de esas “modas” difundidas por los medios,  incorporamos modos foráneos.  Me interesaba revisar cómo ciertas consagraciones de artistas modélicos nos  conformaron en ambos sentidos: de conformarnos y con formar o per formar. 

¿Cómo se modelaron les cuerpes? ¿De qué modos y con qué modas? Como integrante del proyecto “Géneros, cuerpos y prácticas performáticas en la década del ochenta”, de la Universidad de las Artes,  sigo buscando en esa misma dirección. 

Esta investigación,  ¿tiene que ver con tu experiencia de vida?

¡Claro! Indagando en mi memoria, un recuerdo que tenía muy presente fue que una de las presas políticas de la dictadura, estando en la cárcel, había enviado a sus hijas unos colgantes tallados en hueso que me maravillaron y ¡hasta envidié entonces la posibilidad que ella tenía de hacerlas! (sin comentarios). A partir de eso, supuse que habría más producciones realizadas por presas políticas durante la dictadura. Así que me puse como objetivo relevar esas creaciones y compararlas con los abullonados y fluorescentes ochenta del afuera, y los peinados raros que adoptamos, sin saber bien cómo ni por qué. Exageradísimas hombreras, jeans nevados, baggys, calzas, jazz dance, y el auge del gym con María Amuchástegui y las vinchas. En fin… ¿y adentro? ¿Qué pasaba con esas mujeres que desde el `74 y hasta el 83 -y algunas hasta el 87- permanecieron presas? ¿Cómo vivieron? ¿estaban al tanto? ¿seguían o no esa banalidad de la moda? 

Para una militante no es lo políticamente correcto, asumo, pero aún por rechazo de las modas impuestas, cada cual sigue su estilo. Nadie sale a la calle como un andrajo, ni vestida como en el 1500. Considero las modas y los modos, como una forma de control que no es tan banal como parece. Podemos pensar ahora otras modas y modos que van penetrando, a través de músicos, cantantes, mediáticos, panelistas, botineras, y más figuras públicas.  

Descubrí que lo vivido y producido por las presas políticas despliega todas las artes y merece el reconocimiento como aesthesis de resistencia.

Quiero decir que resistieron la domesticación de les cuerpes y mentes a que fueron sometidas, a través de producciones individuales y colectivas siempre pensando en el otre.  Estuve leyendo lo ya publicado por ellas,  libros y escritos como: Nosotras, presas políticas; poemas y poesías varias de talentosímas ex presas políticas, reconocidas algunas y otras no tanto;  entrevistando y buscando más material de todo lo que han producido ahí, bajo toda prohibición. Porque hacer cualquier actividad manual, estaba prohibido y era castigado con aislamiento en celdas de castigo.  

Adrede no menciono en este artículo a ninguna en particular porque son muchas y todas merecen este reconocimiento. Porque ellas, en las peores condiciones, con sus vidas pendiendo de un hilo, supieron compartir sus saberes, lo que cada una traía, para ingeniárselas y hacer. Generaban producciones de resistencia para sentirse bien, para permanecer vivas ocupándose de mantener sus cuerpes en estado y su mente y manos ágiles, preservando la vida.

Sin tener nada, ¿qué clase de producciones hacían las presas políticas?

Las producciones artísticas eran muchas: el vestuario, y el vestuario teatral, porque ahí también hacían danza y teatro, las artes plásticas, tarjeterías, telares, afiches, diseños para decorar la celda, todo esto fue desplegado por estas valiosas mujeres. Ingeniándose para encontrar los espacios. Convocándose sin alertar a sus vigiladores. Haciendo con lo que encontraban a su paso, porque la mayor parte del tiempo no recibían nada.

Como la mayoría rondaban los veinte años, también se maquillaron y peinaron inventando técnicas para ello. Hicieron ropa para sus hijes, mientras los tuvieron con ellas y cuando estuvieron fuera. Crearon adornos de hueso que recuperaban de la sopa, también anillos y pulseras con hilos robados de donde pudieran. Modificaron los uniformes que intentaban borrar toda huella identitaria, así uniformándolas, y ellas, los achicaban entallaban o descuartizaban para hacerse lo que necesitaban.

Recorro todo el despliegue en cuanto a cuerpos, cuidados y vestuario: cómo ellas se las ingeniaron para evitar la invisibilización y el borramiento, como pedían ropa, cómo se vestían, trabajos al respecto. Otra de mis compañeras indaga las artes plásticas allí desarrolladas y otra el afuera. Estamos en eso aún. Ojalá logremos reivindicarlas e inscribirlas en la Universidad Nacional de las Artes como producciones de resistencia, estéticas que desanestesian y desplegaron vida en medio del horror.

Obra: ¿Quién teje los sueños? de María Tapia.

Obra: ¿Quién teje los sueños? de María Tapia.

¿Cómo vivís en lo personal este recorrido, conocer estas experiencias de otras mujeres militantes?

En lo personal, algo de lo roto entonces es lo que me impulsa a revisar, intentando ver cómo la moda nos ha performado, cómo ha influenciado en los comportamientos de les cuerpes y, en este caso, considero que es ejemplar el modo en que ellas han resistido: como un cuerpo común, como colectiva, donde el “señor individualismo” no tiene cabida, como dirá una de ellas en sus cartas. Porque todas sus acciones se planearon juntas, coordinadas, enfrentando de cerquita a ese brutal enemigo. Esas producciones que intentamos recuperar y poner en valor, las hacían aún a sabiendas que en cualquier requisa o traslado las podían perder. 

Las sostuvo, el deseo de luchar por un mundo más justo para todes, y  el arte, fue una herramienta que les permitió sentirse vivas, o como dijo alguna de ellas, “salirse de ahí” al menos  por un rato.

 

 


Sobre la entrevistada:

María TapiaMaría Tapia 

Es lic. en Artes Visuales especialidad escultura. Trabajó como docente en Institutos de Arte de Avellaneda y en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) hasta que se jubiló. Es investigadora y parte del Programa de Investigación y Producción, Cultura, Arte y Género del Departamento de Artes Visuales de la UNA. 

Ella prefiere llamarse “trabajadora de las artes”. IG  @mariatapiavernengo