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Volantes de oferta sexual: ¿cómo sabés que no es una víctima de trata?

La agrupación Martes Rojos se reúne una vez a la semana para despegar los volantes de oferta sexual. Su punto de encuentro es el microcentro ya que allí se concentra gran parte de esta publicidad. Su objetivo es generar conciencia de que consumir prostitución puede implicar colaborar con una red de trata de personas.

Las publicidades de prostitución se fijaron como parte habitual del paisaje en el microcentro porteño: en las paredes, paradas de colectivo, cestos de basura, persianas de negocios, en las motos estacionadas, teléfonos públicos y hasta se entregan en mano. Todos los días los transeúntes se cruzan con hombres que rápidamente dibujan una línea de pegamento sobre las paredes y adhiere con movimientos rápidos y automatizados una hilera de volantes que publicitan prostíbulos que funcionan en departamentos de la zona.

Todos los martes a las 13 horas un grupo de personas se reúne frente al Obelisco para recorrer las calles caminando y hacer una “des-pegatina” de los volantes de venta de sexo que inundan el lugar. Este movimiento urbano se llama Martes Rojos. Guadalupe Urriticoechea, activista integrante de la agrupación, explica: “La mayoría de quienes formamos parte de Martes Rojos pensamos: ¿Cómo sabés que la chica que está detrás de ese volante no es víctima de trata? Ante la duda, ¿cómo podemos ser cómplices de eso? Despegarlos no implica frenar la trata, pero sí cortar un lazo de complicidad que está establecido en el día a día”.

La iniciativa surgió en diciembre de 2012 en el momento de la sentencia que absolvió a los acusados del secuestro de Marita Verón, y la presentación de un proyecto de ley, de la diputada del PRO Gabriela Seijo, para multar y prohibir todo tipo de publicidad sexual en la vía pública. En el contexto social de entonces “la desilusión en torno a los temas de trata era muy grande”. Por ello la asistente de la legisladora oficialista junto a la Organización no Gubernamental (ONG) “Mujeres como vos” impulsaron una des-pegatina para el martes 18 de diciembre, días antes de que se trate el proyecto en la Legislatura de la Ciudad.

“Ese iba a ser un evento puntual, pero cuando terminaron el recorrido por el microcentro porteño, los y las activistas que estábamos ahí nos miramos y pensamos ‘esto no puede quedar acá’. Habíamos visto que el recorrido había generado una buena repercusión, que había gente que se había sumado. En este deseo de que no se extinguiera en un solo encuentro decidimos darle continuidad y dijimos ‘esto hay que hacerlo por lo menos una vez por semana'”, narra Guadalupe. Desde entonces, decidieron ponerse un nombre y realizar esta acción de forma independiente al apoyo a la legisladora y a cualquier partido político, ya que se conformó por gente de distintas edades, sexo e ideologías.

El nombre apareció de forma espontánea por una comparación lamentable, pero cierta: “Para ver cómo nos podían identificar usamos bolsas rojas, estas bolsas que se usan para tirar residuos humanos. Nos parecía muy simbólico para hacer la des-pegatina de estos papelitos que no sabemos si encubren trata detrás”. Como era un día martes, decidieron fijar ese día como una alternativa para que tenga continuidad. “El nombre surgió de mirarnos con las bolsas rojas y como era martes quedó: los Martes Rojos”.

No todos los que forman parte de Martes Rojos enfocan su acción desde una misma perspectiva a pesar de llegar al mismo resultado. Así “hay gente que los despega porque ensucia la vía pública, sin importar de qué es, por ser un papel pegado en la calle. Por otro lado hay gente que manifiesta que las mujeres son tratadas como objetos, es una mujer cosificada que se vende a un precio y en general las imágenes muestran la foto de una parte del cuerpo de una mujer o es un dibujo, esa representación de la mujer-objeto genera mucha indignación. Y la gran parte de los participantes considera que el objetivo es sembrar conciencia a los ciudadanos de que detrás de esos volantes puede haber trata. ¿Cómo sabés que no es víctima de trata? Esa duda, ese signo de pregunta que está sobre cada volante que si llega a ser así encubre mucha sangre”.

Para comenzar el recorrido, el punto de encuentro es la esquina de Carlos Pellegrini y Cerrito, suelen ser entre 10 y 40 personas según el día. Caminan siempre en grupo durante una hora, a su paso van despegando todas las publicidades que empapelan la vía pública. “Vamos cambiando los trayectos porque la ruta del ‘pegotero’ (quienes pegan las publicidades) también van cambiando porque saben que agarramos ciertas calles, entonces vamos modificando el recorrido como para poder despegar mayor cantidad de volantes. También para poder sorprender en la nueva ruta y llegar a otra gente”.

“‘Nos van a dejar sin putas’, nos gritan desde el auto algunos hombres que pasan. ‘¿Qué se creen, que sus maridos y papás nunca fueron a un puterio?’ Este tipo de cosas negativas están pero son las menos”, comenta Guadalupe. “También tenemos anécdotas positivas: un día estábamos despegando un afiche grande y un hombre que estaba trabajando con su camioneta, nos vio, se bajó con una espátula y se puso a despegar con nosotras”, agrega.

Como quitan muchas publicidades suelen pesar las bolsas para contabilizar la cantidad. De la totalidad de publicidades conservan un volante de cada tipo, todos tienen impreso un teléfono, con ellos están armando una carpeta para presentarla ante la Justicia.

Artículo publicado en elbarriopueyrredon.com.ar