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Una doña Rosa a quien nadie subestima: salvó a su hijo de la muerte y lucha contra el paco

Ella dice que un día no pudo más y cortó la calle para pedir ayuda, pero desde ese día pudo más que nadie antes: creó una red nacional de lucha por la vida contra el paco, la droga que mata niñas y niños desde los 8 años.

María Rosa González salía del hospital en donde fue atendida de emergencia por un ataque de epilepsia, el cuerpo le estaba pasando factura de los días y noches sin dormir a causa de la tensión, a esa altura crónica, que le generaba saber que su hijo podía morir en cualquier momento y en cualquier lugar. Ese mismo día le puso un punto final a la incertidumbre y empezó a escribir otra historia: después de golpear tantas puertas como pudo para pedir que internaran a su hijo adicto al paco y no obtener respuesta, hizo un piquete en su barrio, Ciudad Oculta, y su reclamo llegó hasta el Presidente.

Acelerada por contar su rica historia, pero con una tranquilidad que parece no encajar con los embistes que resistió, María Rosa relata a Mujeres Urbanas cómo, sin planificarlo, creó una red contra el paco que se extiende por todo el país: “En 2005 había tenido un ataque de epilepsia, volví del hospital y corté la avenida Eva Perón junto con mi hermano, mi hija y mi sobrinita. Se acercaron un par de madres pero así a lo lejos… Se acercó una periodista y le dije: ‘el corte es por la venta de droga, de paco, que está matando a un montón de chicos’. Me preguntó cómo sabía y le contesté que uno de los que estaba en ese estado era mi hijo: Jeremías mide 1.75 metros y pesaba 40 kilos. Estaba destruido totalmente, no sólo estaba flaco, tenía las manos, los pies y la boca todo lleno de ampollas en carne viva, era impresionante.

Cuando empezaron a venir los medios, a través de ellos le pedí al presidente de ese momento, Néstor Kirchner, ayuda porque mi hijo se moría.

A raíz de eso conozco la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico), yo no conocía que había una institución para adicciones, y a la tarde me llaman y me dicen que había una cama para internar a mi hijo”, aclara la fundadora de Red Madres por la Vida y Contra el Paco.

En ese momento Jeremías tenía 16 años y apenas un hilo de vida con el que trató de evitar la internación. “Consigo una protección de persona en un juzgado (una orden de un juez que obliga al adicto a internarse). Él no se quería internar, peleaba contra la Policía (encargada de trasladarlo hasta el lugar del tratamiento), contra el padre, contra mi hermano.

Me decía: ‘Mamá no hagas nada, dejame morir así. Ya está, quedate tranquila’”, recuerda Rosa.

Jeremías salió adelante y empezó a hacer trabajo comunitario ad honorem en el Hospital Borda y en escuelas: “Daba charlas conmigo en colegios, viajamos a tres provincias para contarle a los chicos su experiencia: cómo llegó al consumo, qué secuelas deja el paco, cómo logró dejarlo… todas esas cosas y a los chicos les sirve mucho”.

La casa de Rosa se convirtió en un oasis dentro de la villa tomada por el negocio narco. Mientras muchos jóvenes adictos al paco mueren tirados en las calles y muchos se suicidan (Rosa cuenta que hubo una seguidilla de adolescentes que se ahorcaron para terminar con el flagelo), otros chicos y chicas adictos se acercan porque saben que hay una mano siempre disponible que los ayuda a internarse. En el mismo lugar funciona una biblioteca donde dan apoyo escolar y charlas de prevención.

María Rosa González. Foto: gentileza de la publicación noruega Dagbladet

María Rosa González. Foto: gentileza de Dagbladet

 “Hacemos lo que podemos, lo demás depende de la gente que está en el poder”, reflexiona Rosa, quien con 51 años y cuatro hijos, sigue librando batallas contra sus vecinos dealers y la complicidad de la Policía.

Paradójicamente, las fuerzas de seguridad amenazan a María Rosa: “Me trajo mucho problema denunciar, yo salí con los curas villeros y con un diputado, Sebastián Ruiz, en una nota donde se denuncia la complicidad policial y de ahí en más me sucedió todo lo que me sucedió… A uno de mis hijos, Juan, le armaron una causa, le pusieron ocho kilos de marihuana, estuvo detenido nueve meses, hasta que se comprobó que no tenía nada que ver.

En el mismo momento, sucede que a mi otro hijo (Jeremías) policías de la comisaría 36 lo arrojan desde la autopista Perito Moreno”, continúa Rosa y narra cómo nuevamente Jeremías estuvo al borde de la muerte, pero esta vez por ser parte de la ofensiva que comenzó su mamá en contra de la venta de la droga qué más rápido mata a los adictos. “Me avisan que había tenido un accidente. Cuando llego al Hospital Piñeiro, mi hijo estaba en el piso, arriba del chapón de la morgue, sin ninguna atención médica, totalmente desnudo y con hemorragias por todos lados. Empezaron a llegar madres que se habían sumado a la lucha contra el paco y abogados que me apoyaron y ahí los médicos empezaron a moverse para atenderlo, porque lo había dejado ahí para que se muera”.

La valentía de Rosa sigue en pie más allá de los sucesivos intentos de amedrentarla, que siguieron escalando en el nivel de violencia e impunidad.

Jeremías ahora está preso, ¿por qué? “Un policía le disparó a mi hijo y la bala le pegó a un nene. Culparon  a Jeremías, dijeron que tuvo un enfrentamiento a mano armada. Sin embargo, el padre del nene me dijo que a él lo apuró la Policía y que no podía declarar en contra. Yo lo entiendo, el temor existe. Pero en estos casos uno no se puede callar. Lamentablemente se la agarraron  con mis hijos”, explica Rosa con un tono paciente porque sabe que pronto su hijo cumplirá la condena y está segura de que su lucha debe seguir.

Los esfuerzos de esta mujer, que valora la vida por sobre el miedo, alcanzaron a su hijo y a otros cientos de chicos y chicas salvados de morir en manos de la droga de los pobres. Lejos quedó el pedido de su hijo para que lo deje morir, ahora desde la cárcel, en donde tuvo que recibir cinco operaciones para reconstruirle el rostro, alienta el empuje de Rosa: “Jeremías me dice: ‘no bajés los brazos, mamá seguí luchando’. Voy a seguir adelante”.