Nora Cortiñas, una mujer que cambió el sentido de la palabra Madre en la Argentina

Armadas con una foto en el pecho y un pañuelo blanco en la cabeza, nunca nadie llegó tan lejos dando vueltas a la manzana. Un grupo de mujeres que se animó a salir de sus casas e irrumpir en la vida pública y política amplió el significado de la palabra Madre en la Argentina, que después de ellas se empezó a escribir con mayúscula. Nora Cortiñas es Madre de Plaza de Mayo. Es una de las fundadoras del movimiento que le agregó un nuevo sentido a lo que significa ser madre. Con 84 años y una vida que pasó a ser parte de la Historia, relata a Mujeres Urbanas cómo se redescubrió como mujer a partir de la búsqueda de su hijo Carlos Gustavo Cortiñas y qué significa para ella el Día de la Madre.

¿Cómo cambió su vida, como mujer, como persona, a partir de la búsqueda de su hijo?

Hasta el momento en que se llevan a Gustavo yo era una ama de casa, me había dedicado a enseñar costura en mi casa. Tenía mi hogar con mi marido y dos hijos varones. Éramos un matrimonio de los comunes, como hay miles en el país de clase media.

Cuando se llevan a Gustavo todo cambió, empecé a salir a la calle, empecé a buscarlo, empecé a entender otras cosas que yo no las veía porque no solía tener actividades ni de club ni de reuniones que no fueran las familiares. Me fui metiendo un poco en el ámbito de la lucha de los Derechos Humanos, en la lucha de las mujeres.

Toda esa historia empezó a aparecer ante nuestras vidas ya de una manera terminante y con una mirada distinta de la que teníamos cuando éramos unas simples amas de casa, al menos en mi caso. Ya era otro mundo: ver al desnudo lo que pasaba. Salí a la calle, empecé a caminar y a estar con el grupo de mujeres luchadoras. Nada era lo mismo de lo que yo había vivido hasta ese momento. Y no va a volver a ser nunca lo mismo, esto me marcó para siempre porque me dejó un compromiso de por vida de la lucha no solamente por la búsqueda de la verdad y la justicia sobre mi hijo y los 30.000, sino todo el desarrollo de mi país en todos los aspectos. La mirada ante las comunidades indígenas, también la situación de la mujer que siempre es de tanto sacrificio y de tanta lucha, le cuesta tanto a la mujer todo, ya sea una profesión, la política. Todo para la mujer es el doble de esfuerzo.

Ustedes como organización de mujeres abrieron un poco el camino hacia el rol de las mujeres en la vida pública y en la vida política del país. ¿Coincide?

Sí, bueno… aunque las mujeres argentinas lucharon mucho y hay referentes muy importantes. Desde Alicia Moreau de Justo y muchas mujeres que estuvieron en la lucha popular, en el sindicalismo, ellas abrieron el camino. Muchas fueron víctimas de la persecución, de esa dictadura sangrienta. Muchas mujeres que pelearon junto a los hombres en el terreno de la lucha social están desaparecidas, otras estuvieron presas, otras tuvieron que vivir en un exilio que no fue ni dorado ni querido. Así que muchas mujeres en Argentina mostraron que la lucha tenía que ser entre mujeres y varones, y la mujer ha sido respetada.

¿Qué resalta de las Madres dentro de esa historia de lucha, cómo lo vivieron ustedes?

Y las Madres bueno, la lucha la vivimos de otra manera enfrentando la dictadura cívico militar religiosa sin tener ningún tipo de miramientos, en ese tiempo, ni tener miedo, ni dar ni un paso atrás, sino enfrentando con el compromiso que era buscar al hijo o la hija desaparecida. Creo que hasta ahora la búsqueda se amplió, estamos con los grupos que están reclamando la justicia social que era por lo que luchaban nuestros hijos y nuestras hijas.

¿Por qué fueron las mujeres, las madres, las que se unieron para buscar a los desaparecidos y no se constituyeron como  las Familias de Plaza de Mayo o los Padres de Plaza de Mayo?

En realidad cuando empezamos a juntarnos la decisión fue de una de las madres. Un día que estábamos en la alcaldía de la Marina, donde íbamos a pedir, Azucena (Villaflor) propuso ir a Plaza de Mayo y el horario era de trabajo. En esa época no había tantas mujeres que salían a trabajar a la par del varón, había más amas de casa, era un horario en el que podíamos estar en la calle y no los padres.

Además las madres nunca hicimos la diferencia en el sentido de por qué nuestros hijos habían salido a militar, el padre cuestionaba más a los hijos. A esto se suma el hecho de ir a los cuarteles y a los lugares donde nos atendían los militares, policías, los enfrentábamos de una manera que los padres no lo hubieran podido hacer, con toda energía y sin cuidarnos de ningún riesgo.

Cada madre que se enteraba que en la plaza había una reunión, se arrimaba y así se fue haciendo ese movimiento que fue de madres, es de madres. Ahora los hijos que crecieron y los hermanos han formado grupos, pero en realidad la institución en sí somos las madres.

Las madres dijeron que todas son las madres de sus hijos y de todos los desaparecidos. ¿Qué se siente ser madre de los 30.000?

A medida que caminamos y veíamos que las madres de otros hijos, compañeras nuestras, se iban quedando en el camino, cada madre fue tomando la posta de todos y de todas sin hacer diferencias. Por años y años, y hasta ahora, nuestros hijos siguen siendo los 30.000. Hay muchos desaparecidos a los que no les ha quedado ningún familiar vivo, así que en eso estamos, en la búsqueda de todos y todas.

¿Para usted qué representa el día de la madre? ¿Le parece un día distinto a los otros? ¿Cómo lo vive?

El día de la madre lo vivo como un invento comercial porque a veces se olvidan que las madres somos las de Plaza de Mayo, las madres que están luchando contra el paco que envenena a sus hijos y las madres que están luchando contra el flagelo de la trata de personas que cada día se acentúa más, las madres que luchan en los barrios para tener agua potable… Hay muchas madres en el país que están trabajando a la par del hombre, antes no se usaba tanto, eran los padres los que decían ‘salgo yo a pelear’. Ahora las madres salen a pelear para que el estado de bienestar sea para toda la familia.

El Día de la Madre tendría que ser todos los días, deberían tener toda la consideración y no ser discriminadas, como sucede en algunos lugares donde las mujeres todavía tienen que hacerse valer. De cualquier manera, en la Argentina y en el mundo, hubo un avance de la mujer en la vida cotidiana, en el trabajo, en la política.

Cuando empezaron a caminar alrededor de la plaza, ¿pensaron que iban a llegar tan lejos como llegaron, que iban a lograr todo lo que lograron?

No, hace casi 40 años que estamos en la calle y yo al menos no creí que iba a tener que luchar tantos años. Igual hasta este momento yo no sé qué pasó con mi hijo. Lo que tenemos es la satisfacción de saber que nuestros hijos están reconocidos en el mundo no como los quisieron hacer pasar, como subversivos, como terroristas, sino que cada uno dejó su marca en la historia. Y que en los casi 40 años de lucha hemos tenido suerte que al menos Argentina es uno de los pocos países en los que hay juicios a los genocidas y tenemos testigos, abogados, abogadas y algunos jueces que dan muestra de que quieren dejar en su historia y en su carrera alguna acción positiva y válida. Las condenas nunca fueron las que queríamos tener por los crímenes horrendos que se cometieron, pero vamos andando y vamos a seguir andando porque no vamos a parar hasta que en la Argentina no se termine la impunidad y no nos digan qué pasó con todos y todas los detenidos desaparecidos, hasta que los jueces no digan a quién entregaron los bebés apropiados, hasta que realmente en la Argentina no haya un estado de bienestar para que las familias vivan felices y no veamos gente con hambre en las calles, hasta que no veamos que son respetadas las comunidades indígenas… Hay mucho para recorrer, en ese compromiso tan serio estamos inmersas.

En muchas fotos aparece sonriendo, ¿se puede luchar con alegría?

Es lo que no nos pudieron quitar, el sentido de la solidaridad, la amabilidad y del respeto por el otro. Y la sonrisa es la sonrisa de saber por qué luchamos, qué hijos estamos defendiendo.

No solo están los desaparecidos, en la familia yo tengo otro hijo, tengo nietos, tengo bisnietos y la satisfacción es que la lucha es para mostrar qué generación bellísima quisieron hacer desaparecer, pero no pudieron hacer desaparecer sus sueños y la huella que dejaron en nuestro país de esa lucha sincera y honesta que hicieron.