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Súper heroínas, súperexplotadas: mujeresmaravilla entre el trabajo y el cuidado familiar

En las últimas décadas las mujeres se insertaron en el mercado laboral, que antes era exclusividad de los varones. Este cambio posibilitó la autonomía femenina de quienes antes eran amas de casa con dependencia económica de los varones. Sin embargo, la división sexual de los quehaceres domésticos se mantiene y las mujeres aportan a la economía el valor (no remunerado) de las tareas de cuidado fundamentales para el capitalismo.

Varios de los temas que afectan a las mujeres se desarrollan en el ámbito familiar que, por tratarse de un espacio “privado”, es poco visibilizado y reconocido aunque impacte en toda la sociedad. Este es el caso de los Cuidados, una actividad que resulta básica para la economía, pero de la cual no se habla.

La acción de cuidar es la atención y satisfacción de necesidades físicas, biológicas y afectivas que tienen las personas, sobre todo quienes son dependientes: adultos mayores, personas enfermas, niños y niñas.

Organismos internacionales como la CEPAL, plantean la importancia de los cuidados y su valor económico, a pesar de que no tenga una contraprestación monetaria. El acto de cuidar es considerado un trabajo porque implica un desgaste de energía, demanda tiempo y genera valor.  Porque el mercado precisa que alguien se ocupe de los cuidados, ya que el sistema económico necesita tanto trabajadores listos para realizar tareas productivas como mano de obra “de reposición” (niños y niñas); para ello es fundamental que las fuerzas productivas cuenten con: educación, alimentación, higiene y salud.

Históricamente los cuidados han sido llevados adelante por las mujeres y a pesar de que cambió el escenario social en cuestión de derechos de las mujeres y sus roles en el mercado laboral, dentro de las familias las inequidades por razones de género continúan.

En el modelo de familia tradicional (pareja heterosexual con hijos e hijas) se le adjudicó al rol femenino la responsabilidad de la reproducción, tarea desvalorizada en comparación con la del varón, cuyo rol era el de productor en el mercado formal donde obtenía una remuneración que mantenía a la familia. La subsistencia femenina dependía de su marido con quien estaba unida de por vida.

En las últimas décadas dichos roles se modificaron, en parte: las familias no siempre son biparentales, hay padres y madres solteros; la población envejeció (es más longeva) por eso la cantidad de personas que necesitan cuidados aumentó; no hay una persona dedicada solo a los cuidados; las mujeres tienen más autonomía y carreras profesionales y los trabajos no son seguros (no hay garantías de no perder el empleo).

A estas modificaciones se suma una constante, injusta, pero fuertemente arraigada como una creencia cultural: las mujeres son las responsables de los cuidados: madres y abuelas. Y por extensión el rol cultural se proyectó en trabajos de cuidados (en general mal remunerados): empleadas domésticas, niñeras, docentes y enfermeras.

A partir de estudios sobre el uso del tiempo, se puede calcular el aporte que hombres y mujeres dedican a una responsabilidad que legalmente es compartida de manera igualitaria, pero que en la práctica es casi exclusivamente femenina cuidar de los hijos, hijas, madres y padres mayores. En la Ciudad de Buenos Aires una investigación del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género llamada “La organización social del cuidado de niños y niñas. Elementos para la construcción de una agenda de cuidados en Argentina”, reveló que cerca del 60% del total del tiempo de cuidado de niños, niñas y adolescentes es garantizado por sus madres. Y los menores de dos años son cuidados exclusivamente por mujeres. Los padres aportan un 20% del tiempo de cuidados y en general lo hacen en prácticas recreativas como juegos, mientras que las mujeres se encargan de la alimentación, educación y salud.

Esta inequidad afecta negativamente en las mujeres que hacen dos trabajos y paradójicamente, el que es remunerado es menos valorado que el de los varones. El uso del tiempo de las mujeres en los cuidados genera que las carreras profesionales se vean afectadas: se reducen las horas de trabajo, se entorpece el ascenso a cargos de mayor estatus y en muchos casos se renuncia.

Como esta división sexual del trabajo en el hogar se da en el marco de la organización familiar y entran a jugar las relaciones afectivas se invisibiliza como un tema que afecta a las mujeres de forma general y no particular.

En este sentido no sólo las familias deben tomar conciencia de la desigualdad, también el Estado y las empresas empleadoras, ya que parte importante de los cuidados está relacionada a la disposición de recursos.  Desde la educación sobre cuidados para hombres y mujeres hasta guarderías y licencias para madres y padres, entre otras acciones que permitan tanto a las mujeres como a los varones encargarse de la crianza de sus hijos son temas que deben entrar en la agenda pública.

 

Artículo publicado en elbarriopueyrredon.com.ar
Foto gentileza: thewellnesspaige.com