Lxs gordxs, lxs (in)visibles

Sami Alonso semidesnudo plus size Foto Diana Aguilar

Sami Alonso semidesnudo plus size Foto Diana Aguilar

Porque, siempre hay un porqué. Lxs gordxs estamos expuestxs a que nos cuestionen todo: qué comemos, por qué (no) entrenamos, con qué nos vestimos y si realmente estamos sanos. ¿Por qué a nosotrxs sí y a al resto no? ¿Quiénes somos para la sociedad?

Para pensar la gordofobia, tenemos que enmarcarnos en el capitalismo, como sistema desigual que reproduce determinadas prácticas. Dentro de éstas, existen estereotipos de los distintos cuerpos, donde algunos son aceptados y otros no. ¿Qué quiere decir esto? que hay cuerpos que están bien, que son deseados y visibles y otros que, al estar por afuera de la norma, son cuerpos cancelados, no existen.

Vivimos en un mundo donde la gordofobia está institucionalizada. No sólo es la televisión, la mirada del otro en la calle, los memes en las redes, sino también los espacios públicos. Porque el mundo está pensado para flacxs: los asientos del bondi, la ropa, los baños públicos, los estereotipos de belleza. Hay una norma que nos disciplina y legitima la violencia que castiga a las corporalidades disidentes. Todo lo que nos rodea, nos excluye y nos deja en una posición pasiva donde sólo servimos para ser objeto de burlas (¿nunca probaron poner gordx en las imágenes de Google y ver qué aparece?). Porque pareciera que la única forma de que unx gordx sea aceptadx, es bajando de peso. Ese “bajar de peso”, pertenece a la normatividad ligada a la cultura de la delgadez como sinónimo de lo saludable, “lo que está bien”. Aún peor, ser flacx es ser visible.

Lenceria plus size Sami Alonso Foto Diana Aguilar

Lenceria plus size Sami Alonso Foto Diana Aguilar

¿Cuánta disciplina han soportado y soportan nuestros cuerpos? Nacemos, crecemos y vivimos bajo la norma que todo el tiempo trata de quemar nuestra grasa para incluirnos.

Autodefinirme como gorda es parte del empoderamiento de mi cuerpo y es lo que deberíamos poder hacer todxs lxs gordxs. Mostrarnos, ser visibles con esta corporalidad que siente, que está viva. No tenemos que dar explicaciones de quiénes somos, ni cargar con un certificado de “gordx sano”. Simplemente existimos. Somos disidencia. Somos desobediencia. Somos la carne que molesta.