La década jugada: fútbol + amigas

Ludmila llega a las corridas, toda colorada. Saluda a las demás, se sienta y exhala. “No sabés lo que fue, tremendo”, les dice a las chicas mientras se acomoda. “¿Cómo salieron?”, le preguntan inmediatamente. “3 a 2. Ganamos, pero de casualidad”. Viene de jugar un partido de fútbol con las compañeras del trabajo, y ahora se junta con las amigas de Patada Descendente, el equipo que formó con sus amigas. Como la 10 del equipo, ella lleva la pelota, aunque podría decirse que también la pelota la lleva a ella: en este caso, a compartir momentos de amistad.

Fútbol femenino. Foto: cfrbuenosaires

Fútbol femenino. Foto: cfrbuenosaires

Patada Descendente lleva once años jugando y compitiendo en distintos torneos organizados por Capital Federal y Gran Buenos Aires. Desde que se juntaron por primera vez han pasado por varios cambios en el equipo, pero mantuvieron siempre el objetivo de reunirse para jugar. Y durante este tiempo han atravesado una década en la que el fútbol femenino supo ganarse un lugar en la escena. Ahora ven que tienen muchas más posibilidades para practicar y jugar, pero sienten que cuando comenzaron las cosas no eran tan fáciles. Entre todas, aportando lo que cada una recuerda, Jésica, Luciana, Florencia, Jimena, Natalia y Silvana, junto a Ludmila, rememoran esos inicios.

-¿Por qué decidieron jugar al fútbol? ¿Alguien viene influenciada por su familia o todas arrancaron de cero?

-En el colegio algo hacíamos.

-Sí, en gimnasia teníamos fútbol.

-Naa, decían jueguen, nada…

-Sí, pero a veces se armaban partidos.

-De chica yo tenía -interviene Jésica-.

-Con razón, así cualquiera -la cargan por ser la habilidosa-.

Todas en ronda van respondiendo y se genera una especie de voz colectiva. Como en todo grupo, se bromean, aunque de a ratos surge la reflexión de alguna que cuenta su experiencia y las demás escuchan en silencio.

-A mí me gustan los deportes -comienza Natalia-, siempre jugué al hockey. Pero el hockey era más agresivo para mí, el fútbol me dejaba menos moretones.

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-¿Cómo te metiste a practicarlo?

-Fue hace un montón, desde chiquita. Uno de mis hermanos me llevó a probar a un club cuando tenía 12 años. A mí me gustaba y mi mamá no quería. Igual me llevó y ahí arranqué. A escondidas obvio.

-¿A escondidas?

-Sí, sí. En casa no se podía decir nada. Mi hermano era el que me llevaba. Y después, una vez que fui mayor, decidí. Y comencé sola.

-¿Y ahora cómo lo toman?

-Ahora lo toman normal. Quizá cuando me fracturé el brazo por primera vez pensaban ‘ya está, ya estamos grande para eso’. Pero no dicen nada más que eso.

-¿Creés que si practicaras hockey y te fracturaras te dirían lo mismo?

-No, me parece que no.

-¿Tuvieron que sortear prejuicios?

-Sí, pero quizá al principio, ahora es normal. En cualquier torneo al que vas hay fútbol femenino y masculino. Antes tenías 3 canchas donde te aceptaban para jugar, ahora en todos los lugares que vas tenés la opción para reservar.

Como dicen las chicas, ahora el fútbol femenino está más difundido. Se estima que alrededor de 1 millón de mujeres de todas las edades juegan al fútbol en Argentina, teniendo en cuenta todas las competencias, sean oficiales o no: los campeonatos de AFA, las ligas del interior del país y los torneos privados, como en los que participan Patada Descendente y muchos de los equipos que se reúnen para practicar el deporte.

-¿Cómo influye en el juego el hecho de que el fútbol femenino esté más difundido? -la pregunta vuelve a ser para el grupo-.

-El hecho de que esté más abierto permite algunas cosas, como por ejemplo que se tome con más naturalidad. Pero también tiene una desventaja: al haber más torneos hay más desnivel en el juego.

-A veces viene una chica que es bastante bruta y te pega, y el referí no cobra nada porque piensa ‘ay son mujeres’. patada formación futbol femenino

-Sí, la contestación es que se dan de los dos equipos. Bueno, si los dos equipos se dan tenés que cobrar para los dos. Esa es una de las desventajas.

-¿Los referí que les tocan son hombres?

-Sí, sólo una vez me tocó mujer -dice Jésica, la más experimentada en este tipo de competencias-.

-Ella puede hablar porque es crack -acota Ludmila-. Juega en AFA.

-¿Y ahí cómo es?

-Es muy competitivo, pero también ojo que a veces es muy desparejo. Para este torneo van a hacer dos categorías, A y B, y creo que eso va a normalizar la situación. Es profesional, pero es fútbol femenino, no está muy reconocido. Tenés seguridad, árbitros de AFA, un montón de detalles que hacen que estés más resguardada. Eso sí, para las que juegan y se lo toman en serio es lo máximo.

Si bien los torneos privados son amateur, es decir de recreación, la exigencia depende de cómo lo asuma cada equipo. Hace algunos años las chicas de Patada han tenido entrenador e incluso se han reunido en la semana para practicar antes de salir el domingo a la cancha. “Si miramos un video y vemos lo que éramos, mejoramos un montón. Una piensa que no hay cambios pero realmente los hay: antes era correr todas atrás de la pelota y ahora la paramos, miramos, hacemos algún pase, tratamos de triangular. Incluso hay otro vocabulario”, nos relata Ludmila.

Ahora las obligaciones de cada una les resta tiempo para las prácticas previas, incluso es más difícil reunir al equipo completo el domingo, pero saben valorar lo importante: “Si bien es verdad todo eso, tampoco es fácil mantenerse 10 años, y aún así seguimos jugando, no abandonamos”, resumen orgullosas.

“Ojalá perdure en el tiempo”, continúa Ludmila. “La verdad es que, por más que ganemos o perdamos, no quiero que se disuelva nunca este equipo. Los domingos para mí es ir a jugar con Patada. Va más allá de una diversión de fin de semana, es una relación de hace años y justamente ganamos mil veces, perdimos mil veces pero hay un entendimiento entre todas que es tremendo”, concluye.