Hay otra inseguridad, la de ellas

La inseguridad se ha convertido en uno de los temas que más preocupa a los argentinos. Los políticos lo han tomado como eje de sus discursos y campañas y los medios de comunicación lo mantienen en la agenda, es decir que se ha convertido en uno de sus tópicos principales. La falta de seguridad es, desde hace años, un problema social y público. Sin embargo, su tratamiento en los medios y en los tres poderes del Estado está recortado porque deja de lado gran cantidad de homicidios, agresiones y delitos cuyas víctimas son las mujeres.

El Estado y las empresas de comunicación alimentan un prejuicio generalizado, una idea compartida socialmente: para el sentido común cuando se piensa en un hecho de inseguridad se hace referencia a un robo material (dinero, el celular, el auto, etc.) o a un asalto con armas que termina en homicidio. Esta clase de delitos son cometidos por desconocidos, tanto los victimarios como las víctimas son hombres y se cometen en la vía pública. Mientras que la seguridad de las mujeres es afectada en su mayoría de otros modos, pero esto se oculta. Están invisibilizadas como parte de la “inseguridad” las agresiones hacia las mujeres.

“Se calcula que la mitad de las mujeres de América latina son víctimas de algún tipo de violencia de género”, explica la periodista Sandra Chaher en su artículo para las Naciones Unidas “Seguridad para todos ¿y todas?”. El problema de la violencia hacia las mujeres es tan grave en la región que se puede hablar de “pandemia”, agrega Chaher.

Los ataques contra las mujeres no son percibidos como inseguridad porque las agresiones y desigualdades que vulneran los derechos humanos de las mujeres están enraizadas culturalmente.

“A pesar de su gravedad, la violencia de género suele percibirse como una práctica ‘cotidiana’ y no como una amenaza grave que requiere atención”, expresa el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014 sobre Seguridad Ciudadana del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Según dicho informe, los resultados de una encuesta realizada sobre la problemática de inseguridad en 2012  “reflejan que en América Latina la violencia de género (la violencia intrafamiliar, la violencia por parte de la pareja íntima, el femicidio, la violencia sexual, etc.) no figura entre las principales amenazas o delitos señalados por las personas”.

Durante mucho tiempo el modelo social actual que es patriarcal (distribución desigual de poder donde los varones dominan el ámbito público- la política, religión, economía, etc- y privado) generó una forma de ver la realidad que considera las agresiones contra las mujeres como aceptables o parte de “asuntos privados”.

Afortunadamente, organizaciones que buscan igualdad han luchado para que se reconozca la violencia de género. “Algunas de sus principales expresiones son la violencia doméstica, la violencia por parte de la pareja íntima, la violencia sexual (incluido el abuso y el acoso sexuales dentro del ámbito laboral), los femicidios, la trata de personas, el tráfico de personas, la explotación sexual y la violencia institucional”, describe el informe sobre seguridad ciudadana del PNUD.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó en octubre del año pasado: “La violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres. Las cifras recientes de la prevalencia mundial indican que el 35% de las mujeres del mundo han sufrido violencia de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida”.

Además, la OMS resaltó que “un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja”.

El Estado nacional no tiene estadísticas oficiales que midan la violencia hacia las mujeres. Un ejemplo de esto es la ausencia de registros de femicidios (el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad). Según la Asociación Civil La Casa del Encuentro, uno de los pocos organismos que cuenta con un observatorio de violencia hacia las mujeres “cada 35 horas una mujer es asesinada por violencia sexista en nuestro país en los últimos 5 años” (desde 2008 a 2012).

Mujeres y hombres debemos tener en cuenta que para que haya seguridad en la Argentina no se puede desconocer las principales fuentes de inseguridad de 20.533.000 personas, las mujeres son  más de la mitad de la población del país (el  51,33%).

A pesar de estos datos las autoridades aún no han ampliado lo que entienden por políticas de seguridad hacia el foco principal de inseguridad de la población femenina. Se vuelve necesario correrse del androcentrismo (la visión del mundo que tiene al varón como centro) para exigir prevención y justicia para varones y mujeres. La cantidad de casos y la elevada violencia de los crímenes contra las mujeres hace inadmisible que no se consideren estos delitos como parte de la inseguridad a combatir.

Artículo publicado en elbarriopueyrredon.com.ar