Feminismo y estándares de belleza: el camino para la liberación de los cuerpos

movimiento feminista y corporalidad disidente

Feminismo y estándares de belleza. Foto: Constanza Paula

Ser mujer en el sistema patriarcal es difícil, por ubicarnos en forma desigual a los varones. Parte de esa desigualdad, está relacionada en cómo vemos a nuestros cuerpos. Publicidades, noticias del espectáculo, revistas de moda y la masividad de las redes sociales: vivimos bombardeadas de mensajes que nos dictan cómo tenemos que vernos las mujeres. Desde niñas nos crían en la cultura de la delgadez, donde las personas gordas siempre son quienes no están sanas, las vagas y las que, por defecto, serán objeto de burlas.

¿Acaso es casualidad que las mujeres transitemos la vida odiando nuestros cuerpos? La respuesta es no. La aceptabilidad corporal está ligada a un ideal de belleza que se construye en el imaginario social, donde la tendencia es homogeneizar a las mujeres como “blancas, esbeltas y heterosexuales”.  En este sentido, está claro que no es lo mismo ser una mujer flaca, que ser gorda. La primera va a cumplir con lo que el sistema le está pidiendo cumplir, va a entrar en el estereotipo. La segunda, viene a romper los esquemas. Quebrar el mandato estético a fuerza de kilos y volumen genera ser señalada por estar por fuera de la norma. Quien es flacx tuvo y tendrá privilegios, que posicionan a su cuerpo delgado como lo deseable y superior.

El feminismo como movimiento revolucionario no debe hacer ajeno este tema. Tendrá que empezar a construir espacios donde el debate y la desconstrucción en torno a la soberanía sobre nuestros cuerpos, sea una realidad.

Reconocer la gordofobia es dar cuenta que la fobia a los cuerpos gordos es una práctica institucionalizada que se reproduce en todos los ámbitos de lo social. Y en relación a esto, debemos ser capaces de poder ver los privilegios que poseen las personas delgadas, que lejos están de poder transitar la misma historia que nosotrxs, lxs gordxs. Me he encontrado en situaciones donde no se comprende que si bien los cánones de belleza nos afectan a todas, no es lo mismo para nosotras porque por nuestra corporalidad disidente somos consideradas como lo no bello y lo no deseado. Por ende, somos habilitadas para ser excluidas. No reconocer esto es deslegitimizar nuestra lucha por ser visibles.

Como militante feminista creo que el movimiento se construye y deconstruye todo el tiempo. Lejos está de mi parte hacer un señalamiento, sino que propongo problematizar y poner a los estándares de belleza en la agenda de discusión para poder luchar día a día por la liberación de nuestros cuerpos, dejar de ser mujeres que nos castigamos pensando “qué hicimos” o “qué comimos de más” y torturarnos cada vez que nos vemos a un espejo.