Femicidio, una película para transmutar: “Reivindico el lugar de las víctimas como mi mamá”, dice Mara Ávila

Mara Ávila en la Plaza Congreso, Buenos Aires Foto Mafia

Mara Ávila en la Plaza Congreso, Buenos Aires Foto Mafia

En 2005, una joven estudiante de Comunicación Social se entera a través de la tele que su mamá fue asesinada. Los diarios de ese momento contaron la historia de un crimen pasional y hoy, con 37 años, Mara Ávila trabaja en la edición de su película: “Femicidio: un caso, múltiples luchas”.

“Siento que estoy intentando reivindicar el lugar de las víctimas de femicidio como mi mamá y ejercer una suerte de derecho a réplica”, plantea Mara a Mujeres Urbanas.

Como comunicadora y como víctima colateral del asesinato de su mamá, con cámara en mano transmuta el dolor en un mensaje poderoso a través de un documental donde relata en primera persona su recorrido de duelo y de lucha desde el femicidio de María Elena Gómez, recordada por sus alumnos de inglés como Miss Mariela.

Película Femicidio- Mara Avila - rodaje- Melina-Terribili

Rodaje de la película Femicidio Foto: La Socia

Lo que nació como un trabajo para la facultad sobre la cobertura que la prensa hizo del caso de su mamá se complejizó y convirtió en un largometraje, que realiza junto a la cineasta feminista Carolina Reynoso y con apoyo del INCAA. Se estrenará en 2018.

“Desde mi formación como comunicadora, me da mucho sentido hacer este film y a la vez sentir que mi relato pueda aportar a generar una reflexión y un cambio social respecto de la problemática de las víctimas colaterales del femicidio y de la violencia de género como problema político”.

Pasaste de leer coberturas morbosas del asesinato de tu mamá a crear un nuevo discurso, ¿cómo se siente ese proceso de transmutación?

– A veces pienso si podría demandar penalmente al diario Crónica por el tratamiento sensacionalista de la noticia sobre el femicidio de mi madre y por las mentiras que publicó en 2005. El film y las ponencias que he escrito me han permitido hacer un poco de justicia para que la última imagen pública de mi mamá no fuera la de su cadáver en la tapa de un diario.

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“Miss Mariela Presente” Foto: Analía Ávalos

– El tema de la violencia de género entró en la agenda de los medios, qué opinión tenés en cuanto al tratamiento que se hace actualmente de los casos de femicidio?

– Al comparar el tratamiento del caso de mamá en 2005 con el de la joven Agustina Salinas de 2015 por los principales diarios argentinos observé que, si bien ahora se incluye el término “femicidio” en las notas –y ya no el de “crimen pasional”–, el abordaje que impera sigue buscando el morbo y, frecuentemente, los medios revictimizan a las víctimas aun más. Contra esto emergen, sin embargo, algunxs periodistas –sobre todo mujeres– que aun desde medios hegemónicos buscan hacer un periodismo llamado con perspectiva de género. En medios alternativos todo cambia, obviamente. Pero sabemos que no son los más leídos.

– ¿Percibís mayor conciencia social respecto a la violencia de género? ¿Qué te genera esto?

-Sí. Creo que las multitudinarias movilizaciones de los últimos tres años bajo los lemas “Ni una menos” y “Vivas nos queremos” dan cuenta de ello –y esto excede el ámbito nacional–. Sin embargo, las cifras de femicidios y la violencia de género que no cesan parecen indicar que cuando las mujeres nos organizamos los machos se envalentonan y la respuesta es más crueldad hacia nosotras. A esto se suma la inacción del Estado y la violencia institucional que busca disciplinarnos continuamente, tal como se vio en la causa contra Higui, por nombrar un caso de lesbo-odio y revictimización de una víctima de violencia de género desde distintos ámbitos estatales.

Con esto quiero decirte que la sensación es ambigua y con cierto sinsabor: por un lado, sabemos que cada vez somos más; por el otro, falta mucho camino por transitar –y en el medio, nos siguen matando–.

– Además del proyecto de ley Brisa impulsado por la Casa del Encuentro, ¿existe algún lugar u ONG que una a los y las hijos/as?

No estoy al tanto pero tal vez exista. De todos modos, en general las organizaciones y movimientos de mujeres que luchan por nuestros derechos y los del colectivo LGTTBIQ suelen de alguna manera ayudar a las víctimas colaterales ofreciéndoles un espacio de lucha y de resignificación. También pienso en abogadas que tienen perspectiva de género y que acompañan a estas víctimas –en mi caso, en 2005 no se hablaba de femicidio y, menos aún, de abogadas con perspectiva de género, por lo cual no tuve la posibilidad de este acercamiento–. Pero mi participación política en las calles, en ponencias, en encuentros de mujeres, en la facultad y demás ámbitos me han permitido resignificar esta tragedia y darle un sentido social. La salida es siempre colectiva.