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San ValenTinder: los chats, las relaciones 2.0 y el amor digital

La fantasía de ser cortejadas con flores, poemas y bombones por un príncipe azul cayó en desuso. En lugar de la estampita de San Antonio, los rezos y la espera para ver si llegaba el amor, ahora en la cartera se lleva el altar 2.0 con pantalla táctil, que deja en manos de las propias mortales la concreción de sus deseos eróticos.

El orden de los pasos para la receta del amor se invirtió: nada de casarse para después tener relaciones. Cupido se modernizó y delegó la práctica de arquería a cada una, con un stock de flechas interminable que permite disfrutar de probar, probar y probar y, tal vez después, elegir a alguien para formar pareja.

Desde hace algunos años las aplicaciones para smartphones proveyeron a las/os usuarias/os de nuevas formas de relacionarse. Así Tinder o Happn, entre otras, ofrecen la posibilidad de arreglar citas con tan sólo algunos clicks en el teléfono. Lejos de las reglas tradicionales que imponían tiempos “prudentes” para dar el siguiente paso, Tinder blanquea el objetivo: tener relaciones sexuales. La aplicación permite, a quienes así lo deseen, ir al grano.

Hay posturas que sostienen que estas apps pueden democratizar el terreno de la sexualidad. De esta manera lo entiende Karina Felitti, doctora en Historia por la UBA e Investigadora de CONICET: “Hay un espacio de relajamiento de los códigos de recato que habilitan intercambios más libres”, manifiesta en uno de sus artículos*. Las mujeres ya no están en una actitud pasiva aguardando el encare, una posición que evitaba el rótulo de “puta” (y para ellos de “ganadores”). Ambos buscan “matches” por igual.

No todos ven liberación en estos cruces que comienzan con chats fogosos. Se dice que “Se perdió la corporalidad de las relaciones”, hay otros que acusan que “Se incita a la promiscuidad” y no faltan las críticas, sobre todo de mujeres, para con sus congéneres: “En las fotos de los perfiles se exhiben como en el mostrador de la carnicería”.

Un punto controversial son las fotos que muestran los labios rojos, la boca entreabierta y los escotes profundos, que muchas eligen para darse a conocer junto a alguna frase. ¿Esto reproduce estereotipos de belleza y sensualidad? ¿Es la vidriera de una “carnicería”?  Sobre este aspecto, Felitti sostiene: “¿Mercado de la carne? No. Tinder es gratis. La ‘carne’ es la misma con o sin pantalla. La pose también. Si para ir al bar una mujer se vestía con mini y botas, para las fotos de Tinder se produce también (…)”.

Quien demoniza estas apps está subestimando a las/os usuarias/os y su capacidad de elegir cómo mostrarse, con quién relacionarse y cómo vivir su sexualidad. Tinder y los softwares similares,  no llegaron y modificaron de raíz la manera de socializar, sino que la sociedad cambió: surgieron nuevas necesidades y se desplazaron ciertos tabúes. El hecho de que esta herramienta se haya extendido no se explica en sí misma, sino en los usos que se le da, su popularidad es muestra del contexto en el que se inserta. Este domingo 14 de febrero, quienes no estén en pareja y quieran celebrar el Día de los Enamorados con alguien ¿elegirán rezarle a San Antonio en la iglesia o probarán suerte en la web con San Valentinder?

 

(*) “Tinder en la hoguera feminista”, publicado el 4 de noviembre de 2015 en Lassimones.org