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Cuando el deseo se apaga, ¿por qué no tengo ganas de tener sexo?

Por Adrián Sapetti, sexólogo.

“Si no me busca mi pareja, me hace un favor”, es una de las frases que se repiten en el consultorio. Son los casos de mujeres que sienten que ya no tiene ganas de tener relaciones y esto las perturba. No existe una edad para “jubilarse” del placer sexual, el erotismo y el goce son vitalicios. Entonces, ¿por qué en algunos casos se puede sentir que se apagó el deseo?

Se habla de deseo sexual disminuido en los casos en que las mujeres pueden prescindir del sexo. No tienen sueños, fantasías, tampoco deseos de hacer el amor, no se masturban. No es algo exclusivo de las mujeres, también le sucede a los varones.

Esta situación no tiene relación con el hecho estar en pareja: les puede ocurrir estando solas, de novia, casadas o divorciadas.

Hay dos niveles de deseo sexual disminuido o hipoactivo: primario y secundario. Cuando es primario es “life long”, como dicen los norteamericanos, de toda la vida; siempre fue así, nunca le gustó el sexo, no la entusiasmó, nunca la atrajo, muchas veces nunca lo ejercitó.

Es secundario en los casos en que la disminución empieza en un momento determinado de la vida. Puede ocurrir por el nacimiento de los hijos, una separación, una pareja nueva, la pérdida de un familiar querido, la menopausia, es decir hechos que marcan un momento a partir del cual no tiene ganas de tener sexo. Este nivel es secundario, justamente, de algún otro proceso o vivencia.

La disminución de la líbido puede tener dos reacciones: se puede estar en sintonía con este síntoma, es decir que no le afecta a la paciente (sintónica), están bien así; o puede ponerse nerviosa, esto la altera (distónica) y es ahí cuando consulta.

Tratamientos 

Para tratar el deseo sexual disminuido secundario, primero hay que ver cuál es el desencadenante; por qué si hace tiempo que se siente así lo soltó ahora, cómo empezó, cuándo empezó, si lo conecta con otra cosa que le ocurrió en su vida, si es postraumático, si en algún momento fue abusada o si se separó porque la pareja le metía los cuernos… cosas muy puntuales. Hay que trabajar eso para que se conecte nuevamente con su deseo, con sus fantasías.

Por el lado de los medicamentos todavía no hay una solución. Sólo se consigue Viagra masculino. Si bien hay intentos de sacar al mercado una pastilla estimulante femenina, la industria farmacéutica aún debate su comercialización.

Leer literatura erótica, ver películas condicionadas o escribir un relato erótico inventado, son formas de trabajar las trabas. Ante una consulta, el rol del sexólogo es sacar del camino la maleza, pero el camino tiene que transitarlo cada una.