Año nuevo: cómo manejar el bajón post fiestas y concretar los proyectos

La época de Navidad y Año Nuevo genera una movilización emocional particular: los preparativos estresan, las celebraciones suben el ánimo y cuando el clima se calma aparecen la reflexión personal, depresión, esperanzas y nuevos proyectos.

Las últimas semanas de diciembre y el comienzo de enero se vive en una atmósfera especial: surgen las reuniones con gente que no solemos ver, los saludos generalizados, los brindis, regalos y luces inundan las calles y las publicidades. Sin embargo, mientras estamos inmersos en ese consumismo y alegría pueden surgir sensaciones estresantes.

La psicóloga Beatriz Goldberg explica a Mujeres Urbanas cómo manejar las frustraciones que puedan surgir a partir del cierre de 2014 y cómo encarar los proyectos para el nuevo año y no abandonarlos en el intento. En la intimidad del consultorio psicológico, las emociones de muchas personas aparecen de forma particular, pero son similares entre sí y vale la pena destacarlas para lograr manejarlas:

Efecto Cenicienta. Como la princesa que a la media noche se convierte en calabaza, surge una sensación de que  todo lo que no se hace hasta las 12 de la noche de esos días, nunca más se va a poder hacer: a quién no se saludó, lo que no se compró, lo que no se comió, lo que no se hizo ese día, al día siguiente parecería que ya no tiene valor. Es como si los deseos caducaran con el año que se termina.

Comparación. En un clima de festejos, donde todo es alegría, brindis y regalos, muchos pueden caer en la comparación con los demás. “La gente está celebrando”, “tienen una familia feliz” o “no tienen tanto lío como nosotros”. Hay una idealización de que al otro le va mucho mejor, pero es porque no se muestra todo. No se muestra lo negativo y parece todo ideal, como el mundo de las publicidades.

Las Fiestas suponen un momento de reflexión como los cumpleaños, pero la diferencia es que los aniversarios son individuales. En esas fechas uno mira por la ventana y todos hacen vida normal. En cambio, en Fin de Año los otros están festejando bajo una euforia general. Esto genera una movilización y depende del lente que uno tenga como verá todo, positivo o negativo.

Post festejo

El bajón. Entre las reuniones, cierres y saludos se genera un clima maníaco. Uno está como pasado de vuelta y no se conecta con el malestar. Por eso, pueden surgir depresiones tras las Fiestas. Una vez que uno se “desinfla”, después de tanta hiperactividad e hiperkinesis, viene como un bajón emocional, es cuando uno piensa: “yo me esperaba una cosa y pasó otra” o “mi familia no hizo algo tan maravilloso como lo que hicieron  al lado”. ¿Cómo salir de ese sentimiento?

La introspección: revisar sin criticar. Una herramienta para recuperar el buen humor es revisar lo que se hizo durante el año sin una mirada malévola, sino tierna. Sin hostigarse, sin decirse “no sirvo” o “no valgo nada”, porque son palabras más demoledoras que constructoras. La idea es ver qué hago con lo que tengo.

Proyectar sin boicotearse. Una buena receta es hacer un proyecto viable con objetivos a corto, mediano y largo plazo -como estaciones o escalones- . Tienen que ser alcanzables, a veces uno hace muchos planes como aprender varios idiomas, preparar una gran fiesta, resolver problemas familiares, inmiscuirse en muchas cosas y no se puede todo.

Tener en cuenta las fortalezas propias que uno tiene para poder lograr sus objetivos.

Reunirse con gente con buena onda ayuda a no bajar los brazos en los proyectos. Cuando uno se junta con “bajoneadores” tiran los planes e ilusiones para abajo.

Además de ver los proyectos personales relacionados a la familia y al trabajo, una buena opción es hacer cosas que nos gustan sin sentir que es una pérdida de tiempo. No postergar los hobbies. En este sentido, es importante prestar atención al auto-boicot,  a los motivos por los que uno posterga lo que le hace bien.

El comienzo de un nuevo año y el regreso de las vacaciones siempre llenan de energía para proyectar, pero a medida que transcurre el año algunos planes quedan a la mitad y el primer impulso parece dispersarse. Ante esta posibilidad la autora de “Como emprender en cualquier etapa de la vida” especifica: “A veces la gente se aburre de un proyecto o se boicotea por miedo al fracaso. Se diluyen las ganas porque en el fondo uno tiene miedo de no hacerlo bien. Éste es un mecanismo para no frustrarse, pero paraliza”.

Con una mirada reflexiva sobre nosotros mismos, una actitud positiva y metas realistas, sólo hace falta definir cuáles serán nuestros objetivos para este nuevo año.