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#AMIA Renacer de los escombros para cumplir la promesa: “Seguir luchando por justicia hasta el último suspiro”

*Olga aprovechó uno de esos momentos poco usuales, cuando el clima de intimidad genera una atmósfera de calidez ideal para hablar de temas especiales, tan especiales como el amor. Recostada en la cama con su hijo al lado le preguntó: “Cristian, ¿vos no tenés novia?” y la respuesta negativa del joven no la sorprendió: “No, mi único objetivo ahora es recibirme, no puedo tomar nada en serio si antes no tengo el título de abogado”. En ese momento Cristian había alcanzado la mayoría de edad y con sus 21 años, si bien era jodón con sus amigos y disfrutaba de su pasión futbolera por Ferro, como lo describe su mamá, su fuerte sentido de justicia hacía que se tomara muy en serio la carrera de Derecho que había empezado tres años atrás.

Como estudiaba y trabajaba, Cristian iba a la facu a la mañana y al mediodía entraba en su empleo en la DAIA. Unas pocas semanas después de aquella charla cómplice, Olga sintió que Cristian se había levantado antes de lo habitual en época de vacaciones. “Ese día se despertó muy temprano, yo creí que se iba a quedar en casa durmiendo. Le pregunté qué pasaba, desde la oscuridad de mi dormitorio; él me hizo un gesto de despedida y me dijo que se iba porque tenía que entregar un trabajo extra. Cristian siempre fue muy cariñoso y cada vez que se despedía me apretaba con uno de sus abrazos de oso y me decía ‘Te amo mamá’, pero esa mañana fue la excepción”, relata Olga Degtiar a Mujeres Urbanas.

Eran las 9.53 de la mañana del 18 de julio de 1994 cuando el tiempo se frenó de golpe. Una onda expansiva sacudió el espacio y el tiempo arrancándoles el futuro a 85 personas. Una de ellas fue Cristian. “Era el destino que él estuviese en el lugar equivocado en el horario que no le correspondía”, expresa Olga.

Olga Deigtar AMIA - Foto gentileza Infojus

Entre los escombros producto del atentado a la AMIA quedó la Olga que trabajaba en el negocio familiar junto a su marido Juan y cuidaba con alegría de sus tres hijos. Como si el polvo que generó la explosión hubiese permanecido flotando en el aire durante meses, durante años, Olga estaba separada de la vida que transcurría, a pesar de las ausencias: “Durante mucho tiempo sentí que la realidad era ajena a mí. Desdoblada, veía como vivía el resto de la gente, como si estuviese en una esfera totalmente diferente a los demás”.

“Vivo partida en dos. Tengo una mitad de mi cuerpo que siento que está muerta, que le corresponde a Cristian; y la otra parte, que es la que está viva, luchando por justicia, que es la que me sostiene, mi bastón para seguir viviendo”.

A horas de que suene la sirena en Pasteur 633 por 21º vez, la mamá de Cristian recuerda: “Hoy me estaba planteando cómo puede ser que haya podido sobrevivir 21 años. Tras la pérdida de Cristian yo iba a grupos de autoayuda y a medida que pasaban los años 2, 3, 4… pensaba hasta cuándo voy a poder seguir”. Sin embargo, Olga se despierta día a día con el objetivo de que se haga justicia.

atentado a la AMIA 1994

Cuatro meses después de la voladura de la AMIA, frente al vacío que quedó en el lugar donde antes se erigía uno de los edificios más representativos de la comunidad judía, un grupo de familiares de las víctimas se reunió por primera vez. “Tenía la necesidad de juntarme con quienes consideraba mis hermanos en el dolor”, revela Olga con la voz tenue. Ese grupo creció, se unieron sobrevivientes y amigos de las víctimas del atentado a la AMIA y a la Embajada de Israel.

En la actualidad Olga es la presidenta del 18J y al igual que el resto de los parientes de quienes murieron por la explosión, sigue esperando que los culpables paguen con una condena.

“Con el grupo empezamos a acercarnos a la justicia, teníamos reuniones con los fiscales de la causa AMIA y con el juez, Juan José Galeano”. Tras siete años de investigaciones comenzó un juicio oral. “Estuve yendo tres años y medio a las audiencias, era muy difícil porque yo creía que estaba frente a los responsables de la muerte de mi hijo. Sin embargo, el juicio fue un circo, terminó con la absolución de todos los imputados porque fue todo inventado, orquestado por el gobierno de turno, la SIDE, la Justicia y algún dirigente de la comunidad”.

En agosto comienza el juicio por encubrimiento a quien era presidente de la Argentina en 1994, Carlos Saúl Menem, al juez Galeano y al ex director de las SIDE (servicio de inteligencia argentino) Hugo Anzorreguy, entre otras personas acusadas de haber sido parte de un complot armado para desviar la investigación que apuntaba a terroristas iraníes.

La fe después de un juicio de cotillón y un muerto que desapareció

“Quiero tener ilusiones en aras de algo porque si no es como que me quitás las muletas… pero después de lo que nos venimos a enterar de la investigación de Nisman (fiscal de la causa que murió en enero de 2015 – aún se investiga si fue un suicidio o un homicidio-) y de la Justicia, realmente estamos tan desencantados, tan desesperanzados. Me impongo no perder la ilusión de que alguno pague por la responsabilidad que tuvo en desviar la investigación del atentado a la AMIA.

Llegamos a 21 años en los que nada se pudo averiguar y ahora ya es muy difícil. La investigación fue tan manoseada, tan embarrada…

Esta semana nos venimos a enterar que una de las víctimas que figuraba como NN porque nadie lo había reclamado y que creíamos, al igual que los fiscales, que estaba en la morgue, no está. Galeano lo mandó al Cementerio de Chacarita en 1996 y dos años después lo pusieron en fosa común. Esto demuestra que la justicia lo que quiso enterrar fue la causa”.

La bisabuela mantiene su promesa

En cuatro días Olga será bisabuela, por eso intenta manejar los nervios y la tristeza que crecen a medida que pasan los minutos y un nuevo aniversario del atentado se acerca sembrando más incertidumbre. Quiere recibir con alegría al nuevo integrante de la familia, pero el desgaste de la lucha vuelve lo que para otros es normal en un desafío personal: “Estoy muy feliz con lo que voy a recibir, pero me cuesta conectarme con la vida, estoy tan conectada con la muerte que no quería que naciera esta semana”, dice Olga entre lágrimas que, por momentos, le roban la voz.

Olga Deigtar AMIA Foto de Infojus

“Se acerca la fecha del aniversario del atentado y todavía no puedo disfrutarlo. Mi nieta va a tener la cesárea en poco tiempo. Voy a tratar de bajar una persiana el fin de semana para conectarme por lo bueno que la vida me sigue ofreciendo.

A pesar de sentirme como me siento, me surgen fuerzas de las entrañas para cumplir con lo que le prometí a Cristian: que hasta el último suspiro iba a seguir luchando”.

(*) Nota publicada originalmente el 17 de julio de 2015.